Todo esto lo digo porque es increíble la cantidad de estímulos que nos tragábamos sin enterarnos de nada. Veíamos con indiferencia películas plagadas de referencias sexuales cuya presencia pasaba totalmente inadvertida, por no hablar ya de ironías o referencias históricas. Pero sin lugar a dudas, el ejemplo que más me ha marcado ha sido el de ALFRED J. KWAK.
No sé si recordaréis al patito que se sentía “feliz, muy feliz” mientras salpicaba y chapoteaba. Por si acaso, este vídeo seguro que os refresca la memoria:
En fin, que yo veía esta serie de pequeño y creía que iba de un pato muy feliz. Lo normal. Pues resulta que Alfred, nuestro protagonista queda huérfano en el primer capítulo cuando ve como sus padres son atropellados por un coche. En fin, un punto trágico pero todavía no es demasiado alarmante. Si no, mirad a Marco o series por el estilo.
La cuestión es que Alfred tenía un amiguito. Un pequeño cuervo negro que se llamaba Dolf. Los dos eran muy felices y se llevaban muy bien, pero con el tiempo, la vida les va distanciando, hasta que Dolf acaba convirtiéndose en…
EL LÍDER DE UN PARTIDO POLÍTICO DE CUERVOS QUE QUIERE EXTERMINAR AL RESTO DE RAZAS!!!
¿Entendéis ahora de donde viene el nombre de Dolf?
Dolf aparecía de esa guisa en la propia serie, cuando no iba vestido de Napoleón, pero aún así nosotros veíamos la serie sin enterarnos en absoluto de todo el contenido histórico/político que contenía. Otro ejemplo: la novia de Alfred era una patita negra que huía de Átrica en el que los cisnes blancos esclavizaban a los patos negros (Suráfrica y el Apartheid). Joder, si hasta hablaban de capitalismo y de la transición de monarquía a democracia.
Pues eso, que si todos estos mensajes nos pasaban totalmente inadvertidos, ¿qué más nos podrían haber contado sin que nosotros viéramos nada raro? Cualquier día de estos volveré a ver los Fruitis y descubriré que en realidad Pincho y Gazpacho eran una pareja de hecho y que Mochilo representaba los peligros del comunismo.
Vivir para ver.
