domingo, 29 de abril de 2007
Sigue el reportaje
miércoles, 25 de abril de 2007
Una de literatura
Por si alguien quiere comprobar mi criterio sin perder demasiado tiempo, empiezo recomendando fervientemente “Kitchen” de Banana Yoshimoto, la primera novela corta que publicó. “Kitchen” es una pequeña joya que se lee en un momento y que captura, al menos en parte, la esencia de esta escritora. Y es que Yoshimoto cuenta sus historias desde un punto de vista tremendamente emocional, no desde los hechos, sino desde la percepción de los mismos. Además, hasta el momento, es la única persona que ha sido capaz de incluir espíritus, videntes e incluso ovnis en una novela sin alejarse en ningún momento de la cotidianeidad de sus personajes, tal y como ocurre en otra de sus obras más famosas, “Amrita”, de la que poseo un ejemplar en japonés (aunque evidentemente no pueda leerlo).
Sé que lo de los ovnis puede provocar ciertos recelos, pero estoy seguro que si le dais una oportunidad, esta chica os sorprenderá gratamente
En cuanto a Murakami, su genialidad es casi una verdad incuestionable. Su escritura es a un tiempo sencilla e increíblemente profunda, con un estilo adictivo que te hace dudar si sus libros no estarán fabricados con opio. Desde luego, mi parte preferida de su obra es aquella en los que los elementos surrealistas se funden con las vidas de sus personajes, como ocurre en “Las crónicas del pájaro que da cuerda al mundo” y “Kafka en la orilla”. Esta última, por ejemplo, narra dos historias paralelas, la de Kafka, un joven que se escapa de casa empujado por su alterego, el-niño-llamado-cuervo, y la de Nakata, un anciano no muy inteligente capaz de hablar con los gatos.
Pero bueno, no os dejéis engañar por mis más que pobres descripciones (es un defecto que acarrearé hasta mi tumba), porque ambos autores hablan de muchas más cosas de las que podría parecer después de leer este post. Sé que los libros se os acumulan, y que el tiempo escasea, pero bueno, aquí queda esta sugerencia.
Éste también me lo compré en Japón, aunque en esta ocasión, pude conseguir una copia en inglés
lunes, 23 de abril de 2007
Los Estudios Ghibli, o cómo aprendí a odiar a Disney

Esto sí que es cine con criterio
Los estudios Ghibli fueron fundados por Hayao Miyazaki, el verdadero genio detrás de personajes como Porco Rosso, la versión canina de Sherlock Holmes (qué recuerdos), o el conejo gigante más entrañable de todos los tiempos: Totoro. Sus películas son tremendamente hermosas a un nivel visual, con un dominio perfecto del ritmo narrativo, y personajes y argumentos mucho más interesantes y complejos que las producciones lobotomizantes de Disney.
Tantos Totoros y sólo pude traerme uno pequeñito
Realmente, todas las películas de Miyazaki son tan increíbles que no sabría cuáles recomendar. Personalmente me encanta “La princesa Mononoke” (quizás porque fue la primera que descubrí), una película de aventuras enmarcada en el mundo de las leyendas japonesas que demuestra que el cine puede ser bueno y entretenido a la vez. Tampoco deberíais dejar de ver “Nausicaa del valle del viento” (aunque el doblaje en español es verdaderamente aberrante), o la más reciente “El castillo errante de Howl”. Ah, y no nos olvidemos de “La tumba de las luciérnagas” (también de los estudios Ghibli, aunque no esté dirigida por Miyazaki), la única película capaz de hacerte llorar en el minuto dos. Y no exagero.
La princesa Mononoke: Me he comido a Simba para desayunar
Ahora mismo, espero impaciente la próxima película de Hayao Miyazaki, que promete un estilo radicalmente distinto; así como el estreno en España de “Tales from Earthsea” (que ya va siendo hora), dirigida por el hijo de Hayao.
El poster de “Tales from Earthsea”, así como el de la última película de los Power Rangers, que contra todo pronóstico, siguen arrasando en Japón
viernes, 20 de abril de 2007
Lost in... Japan
Lo primero que hay que decir es que Japón es una tierra de contrastes. Hay chicas vestidas con kimono hablando con otras que llevan minifalda y el pelo teñido de rosa. Hay templos en mitad de las zonas comerciales, en los que la gente se para a rezar antes de entrar a comprarse una nueva funda para su ipod. Hay urbes inconmensurables sin cabida para el silencio y bosques magníficos en los que la paz es casi tangible.
¿Un templo junto a una tienda reggae? ¿Por qué no?
Eso sí, hay que decir que la sociedad nipona, a pesar de la impresión que puedan transmitir los tíos que salen a la calle disfrazados de personajes de anime, es increíblemente rígida. El trato en los restaurantes roza el servilismo, y nunca encontrarás a un japonés capaz de llevarte la contraria, independientemente de lo que piense. Por algo son después los reyes del estrés y de los suicidios…
En realidad están pensando que los turistas somos imbéciles
Otro ejemplo de esto es la pornografía. En Japón está prohibido mostrar imágenes de genitales, y como suele ocurrir cada vez que se reprime algo, el resultado es mucho peor. Así pues, la pornografía japonesa está llena de violaciones, pederastia y tentáculos, muchos tentáculos. Por no hablar de las máquinas expendedoras de braguitas usadas de colegiala…
Pero bueno, que me estoy desviando del tema. La verdad es que hay tantas cosas que contar de Japón: los centros comerciales de nueve plantas sólo de artículos tecnológicos, los jardines en los que cada piedra ha sido colocada en su posición exacta, godzilla, las katanas, la comida de plástico en los escaparates de los restaurantes, los tipos que trabajan comprimiendo a la gente en la hora punta del metro, el pachinko, el sumo, shibuya, el tren bala, el monte fuji…
El monte Fuji (nunca digáis el monte Fujiyama, que está mal dicho)
El cruce de Shibuya. Millones de personas y ni una sola te roza (igualito que en España)
Godzilla contra la polilla milenaria
Yo sin duda me quedo con lo que sentí al ver este altar abandonado. Estaba perdido en un bosque en el que los caminos eran galerías formadas por cientos de arcos de madera pintados de rojo (como el que se ve en la foto, pero en grande). Había estado toda la mañana lloviendo, y el aire parecía estar impregnado de misticismo, como si cada paso fuera a adentrarte más en una de esas antiguas leyendas japoneses, llenas de espíritus y dioses del bosque. Realmente sobrecogedor.
Mi lugar favorito de todo Japón
En fin, una experiencia increíble que me dejó un millón de anécdotas que estaré encantado de contaros en alguna ocasión.

